jueves, 31 de mayo de 2012

Perfumes para leer

El universo de los perfumes es uno de mis preferidos dentro del mundo de la belleza. Sus notas de prensa son como las de los vinos: evocadoras, llenas de poesía, muy conceptuales... Por eso me encanta conocer marcas nuevas, que tienen alguna característica que las hacen diferentes.

Hoy quiero hablar de dos que tienen un punto en común: la literatura. Algo que, además, viene muy a cuento estos días ya que se está celebrando la feria del libro en Madrid (aún tengo pendiente pasarme por ella a buscar libros relacionados con la belleza...)

Uno de los perfumes de los que quería hablar está inspirado en Voltaire y uno de sus personajes clave: Zadig. Su nombre: Zadig & Voltaire, una firma francesa de moda con un marcado aire rockero que ha lanzado una innovadora línea de perfumes propios con nombre de libros. El primero de ellos se llama, como no puede ser de otro modo: Tome 1: La Pureté. Tiene dos versiones, una  masculina y otra femenina. El de hombre lleva azahar, sándalo, y pachulí; y el de mujer tiene té de jazmín, flor de azahar, peonía y almizcle. También su caja es muy original, ya que parece un libro antiguo protegido por una funda rígida.

La otra marca se llama Histoires de Parfums, y está creada como una "librería olfativa", que cuenta historia sobre personajes famosos, como Casanova, el Marqués de Sade, George Sand...; materias primas, como la tuberosa o la rosa, y años míticos. En sí, lo que ha hecho esta marca es intentar recuperar la forma de trabajar de la perfumería clásica francesa, utilizando materias primas lujosas y una cuidada presentación. De hecho, cuando vas a probar estos perfumes te encuentras con una llamativa sorpresa: una mesa cubierta por un montón de embudos puestos boca abajo, y con un filtro en su parte más ancha impregnado con el perfume en cuestión.

Así que para saber cómo huele, solo hay que darle la vuelta y acercarlo a la nariz. Así se soluciona uno de los problemas que surgen cuando quieres probar varios perfumes a la vez: la nariz se satura y al final no puedes distinguir uno de otro. Si te animas a descubrir como son, puedes encontrarlos en Bomonde, una tienda de referencia sobre los "perfumes de autor".

miércoles, 30 de mayo de 2012

Ejercicio para las que odian hacer ejercicio

Ya he perdido la cuenta de las veces que me he apuntado a un gimnasio y he intentado ponerme algo en forma. He hecho de todo: yoga (lo que más me ha gustado y mejor me ha sentado, con diferencia), pilates, steps, natación, chi kun, aerobic... Además, como muchas veces tengo que escribir sobre fitness y cómo ponerse en forma, me remuerde la conciencia de vez en cuando y trato de ponerme las pilas, pero no hay manera. Lo que si he conseguido es hacerme con unos cuantos trucos para, al menos, intentar tonificar algún que otro músculo de vez en cuando. Son éstos:

- Caminar: Siempre he andado un montón, desde muy pequeña, y lo sigo haciendo. Sobre todo desde que hice una dieta y una de sus bases fundamentales era caminar. Así que todos los días me doy un paseo a paso lo más ligero posible bien por la "ruta del colesterol" que hay cerca de mi casa (un recinto ferial bastante grande, con un circuito por el que se puede caminar muy bien, lleno de personas mayores a las que, lo reconozco, a veces me cuesta adelantar), o bien me bajo un par de paradas antes del metro o del autobús, voy andando entre una presentación y otra... Y los días que, por lo que sea, no puedo salir, me lío a recorrer el pasillo de casa durante media hora (algo es algo)

- Subir las escaleras: Siempre, impepinablemente, aunque vaya cargada con la compra (bueno, si son más de cinco pisos me lo pienso) y por supuesto, las bajo siempre a pie.

- Levantarme para hablar: Nada de coger el teléfono para comentarle algo a mi compañera de cuatro mesas más allá: voy andando. Y, si se trata de ir a por agua a la cocina, a la impresora a por una prueba o similar, intento ir por el camino más largo.

- Mi propia plataforma vibratoria: Cuando voy en el metro o en el autobús nunca me siento, e intento guardar el equilibrio todo lo posible apretando los músculos de las piernas y el glúteo. Sobre todo me gusta ponerme en las zonas de conexión de los vagones de metro -también hay en algunos autobuses grandes) porque allí el movimiento es mayor.

-Abdominales sentada: Todos los días hago unos cuantos abdominales sin moverme de la silla: contraigo la tripa todo lo que puedo y aguanto medio minuto. Otra opción es soltar y contraer rápido, en series de 8 o 10. Lo mismo hago con los glúteos: los contraigo durante medio minuto, suelto, y vuelta a empezar unas cuantas veces.

- Sin "alas de murciélago": Esos "colgajos" que caen de los antebrazos son una pesadilla, así que para evitarlos (o al menos eso creo), cada vez que tengo que llevar una bolsa llevo los brazos medio doblados, en lugar de totalmente caídos, para fortalecerlos un poco.



martes, 29 de mayo de 2012

Todo fijo

Maquillarme es algo imprescindible en mi vida. Es algo que he debido heredar de mi abuela "adoptiva", Carmen, una mujer de las de la "vieja escuela", que en cuanto desayunaba se arreglaba para estar perfectamente visible "por si venían visitas". Vestida, maquillada, peinada y perfumada con su inseparable Chanel nº5, sólo relajó su maquillaje cuando ya era muy mayor, pero nunca le faltó una sombra de ojos azul y un poco de color en los labios.


Y yo no puedo salir de casa sin ir completamente maquillada. Algo que, a veces, se me complica porque me tiro trabajando de una redacción a otra hasta que me dan las tantas. Como eso de ir cargada con un neceser que pese un kilo no es lo mío, recurro a uno de mis básicos imprescindibles de maquillaje: los fijadores. Son productos específicamente formulados para conseguir que el color se fije aún más sobre la piel y aguante el máximo de horas posible.

Uno de los que más me gusta es el Fix Make Up de Clarins (24,50 euros), una bruma muy ligera que se aplica una vez que has terminado con la mano de "capa y pintura" y que no dejo de ponerme todos los días.

Mi último descubrimiento son las bases fijadoras para las sombras de ojos. Hay varias marcas que las han lanzado (Kanebo, Too Faced, Make Up for Ever y, por supuesto, Clarins) y me he hecho adicta a ellos. Tienen la ventaja de que te aseguras de que la sombra te va a aguantar perfectamente todo el día, y sobre todo me parecen imprescindibles si quieres llevar un maquillaje algo más elaborado, como un ahumado intenso para la noche ¡Probadlos y me diréis!

lunes, 28 de mayo de 2012

Tabaco, caca

Ayer fue mi cumpleaños y quiero hacerme un regalo muy particular: dejar de fumar. Es la enésima vez que lo intento, así que para tratar de conseguirlo de una vez por todas he decidido comentarlo aquí, a ver si al contárselo a todo el mundo lo logro por fin.

Además, así aprovecho para contar lo malo malísimo que es el tabaco para la piel. Y puedo hablar por propia experiencia, porque la vez que conseguí dejarlo durante más tiempo (algo más de un año), donde más lo noté fue precisamente en la piel. De verdad, más que respirar mejor, oler más o disfrutar de la comida, lo que más lo agradeció fue mi cutis. Estaba menos apagado, más luminoso, los tratamientos me hacían más efecto. Y, en general, me veían mucho mejor.

Realmente, el tabaco es uno de los mayores enemigos de la piel y de la estética en general, por muchos motivos. Uno de ellos es que limita la cantidad de oxígeno que llega a la sangre, con lo que el cutis está menos oxigenado, lógicamente. También actúa como vasocontrictor, es decir, reduce el flujo sanguíneo, con lo que la dermis recibe menos alimento.... Y, por si fuera poco, puede agravar uno de los grandes caballos de batallas de la inmensa mayoría de las mujeres: la celulitis.

Otro de sus inconvenientes: influye negativamente en la síntesis de colágeno, por lo que es más fácil que aparezcan arrugas, descolgamiento y haya un envejecimiento prematuro. De hecho, según la Asociacion Española de Dermatología y Venereología (AEV), las mujeres fumadoras tienen tres probabilidades más de tener arrugas que las mujeres que no fuman.

Y, hablando de arrugas, el mero hecho de dar una calada obliga a fruncir los labios de una forma muy particular y nada natural. Consecuencia: después de cientos, miles... (mejor no pensar que tal vez millones...) de caladas, es más que probable que el "código de barras" que afea el labio superior sea más marcado. Y no hay que olvidarse de que muchas veces el humo obliga a guiñar los ojos para evitar que entre en ellos: es decir, más patas de gallo....

Además, mancha los dientes, hace que amarilleen y estén muy feos. Sin olvidar, claro, el mal olor que genera no sólo en la boca, sino también en el pelo, la ropa y el cuerpo en general. Vamos, que es un desperdicio utilizar un perfume si luego vas a fumar.

Así que en cuanto me acabe el último cigarrillo del paquete que tengo a medias, se acabó lo de fumar. Y, cuando me entre un ataque de ansiedad, echaré un vistazo a este post... A ver si lo consigo.

viernes, 25 de mayo de 2012

Mis perfumes "pongo"


¿A quién no le  ha pasado alguna vez que llega el día de su santo, cumpleaños, aniversario, etc., etc., etc. y le regalan un perfume? Un perfume que, por desgracia, muchas veces no te gusta nada en absoluto. Eso es lo que yo llamo un perfume "Pongo" porque ¿cuando me lo pongo? Nunca. ¿Dónde lo pongo? en algún sitio donde no estorbe mucho... Una lástima. 

Ante estos "pongos", yo tengo dos opciones. Una es muy clásica: se lo regalo a mi madre. Con ella no hay problema ¡porque todos le gustan! Le encanta ir perfumada a todas horas. Así que con el paso de los años se ha hecho con una tremenda colección de perfumes de todo tipo ¡la última vez que los conté tenía 29! Así que para que pudiera cambiar todos los días del mes, le regalé otros dos ¡encantada de la vida! 

Mi otra solución es algo más radical: lo utilizo como ambientador. Esto, que en principio, puede ser una burrada, bien pensado no lo es tanto. Los perfumes huelen a flores, a frutas, a especies... Además, van cambiando según van pasando las horas, desvelando siempre alguna nota nueva. Así que lo que hago es vaporizarlos por toda la casa para que huela a manzana, a granada, a hoja de tomate (realmente es una delicia), a lirios, a gardenias... O lo pongo en flores secas, empapándolas muy muy bien para que cojan el olor y lo vayan desprendiendo poco a poco. Puedes estar segura de que ninguna otra casa olerá tan bien como la tuya. 

El otro tipo de "Pongos" es más difícil de manejar. Porque con ellos ocurre al contrario: son perfumes maravillosos, que te hacen suspirar de placer en cuanto los abres (como mi Nuit de Cellophane, de Serge Lutens). Pero con tanto carácter que no  los puedes llevar todos los días para ir a trabajar. Así que surge de nuevo la pregunta ¿Cuándo me lo pongo...? Cuando vaya a una cena especial, a algún compromiso tipo boda, bautizo o similar... Es decir, tres o cuatro veces al año, poco más. 

Y eso si que es una desdicha, porque los perfumes tienen una vida efímera: al cabo de los cinco años, empiezan a perder alguna de sus notas más delicadas, va cambiando su composición y, aunque sigue oliendo bien, ya no es el mismo. De hecho ¿no os ha pasado alguna vez que, después de utilizar durante muchos años un mismo perfume, al ir a comprar otro nuevo, habéis pensado "Ya no huele igual..."? Si, si que huele igual que cuando te compraste el primero, pero lo que ha pasado es que se ha "estropeado", ha perdido alguna nota y por eso lo notas diferente. 

En estos casos, mi solución es otra: Me lo pongo por la noche, cuando me voy a la cama. Un par de gotitas en la muñeca, y me duermo disfrutando de ese perfume que tanto me gusta ¡Pruébalo! 

jueves, 24 de mayo de 2012

Cosas que vuelven

Tengo una amiga farmacéutica, y se puede decir que estudiamos la carrera juntas: como las dos facultades estaban al lado y vivíamos muy cerca, íbamos juntas a la facultad y yo me solía meter en sus clases, y ella venía mucho a mi facultad... a hacerme compañía.

Le encanta hacer fórmulas magistrales -y se le dan muy bien, por cierto-,  y en esa época me tenía de conejillo de Indias... Uno de sus grandes éxitos era un anticelulítico a base de algún tipo de alcohol, creo, porque daba un frío que me moría y olía a alcanfor. El caso es que, para que fuese eficaz, tenía que empapar unas vendas enormes, enrollármelas por todas partes y, hecha una momia, esperar a ver los efectos revolucionarios de su talento.

Todo esto viene a cuento porque me acaba de llegar la información de un nuevo tratamiento a base de vendas que me ha hecho recordar esos viejos (y divertidísimos) tiempos.

Se trata de Redusmot, y lo venden en Carmen Navarro  (60 euros). Se trata de un film plástico que se enrolla en el cuerpo y ayuda a eliminar la grasa localizada. Se puede poner debajo de la ropa y hacer la vida normal, aunque eso sí, no se debe llevar más de 3 horas. Entre los ingredientes que lleva están unos extractos de algas marinas, para activar el metabolismo celular; té verde, diurético; cafeína, para activar la circulación, y ajonjolí, muy rico en calcio.

Otra de las cosas que me ha hecho recordar tiempos pasados: cuando era pequeña y mi madre me enjuagaba el pelo con vinagre para que estuviera bonito. Me he acordado de esa época porque me ha llegado su equivalente moderno: Phytocidre, un vinagre especial para aclarar el pelo, y volver a tenerlo lleno de brillo y muy suave.

Además, elimina la cal y los residuos que se van quedando en el pelo. Lleva vinagre de sidra, lavanda, tomillo y extracto de hibiscus. Por cierto, es de Phyto y cuesta 12 euros ¡Mañana mismo lo pruebo!

miércoles, 23 de mayo de 2012

Uñas más que perfectas

Siempre he creído que tener unas uñas bien cuidadas, con una forma bonita y un esmalte uniforme, sea del tono que sea, es un aspecto muy a tener en cuenta para tener una buena imagen. Así que siempre estoy pendiente de encontrar nuevas fórmulas y trucos que ayuden a mantenerlas en las mejores condiciones posibles fácilmente. Y, sobre todo, lo que pueda potenciar su aspecto, cuidarlas y hacer que crezcan más fuertes y sanas.

Así que estaba encantada con mi plan para empezar el día: una sesión de manicura en Beauty Boulevar, para probar de primera mano (y nunca mejor dicho) los esmaltes de Masglo. Se trata de una firma colombiana, muy muy famosa en América Latina, y que promete convertirse en un referente en España.

Una de las cosas que más llaman la atención son los colores: intensos y, sobre todo, increíblemente luminosos, sobretodo una vez que se secan bien  (y cuestan 9 euros...). Otra de las cosas curiosas es la forma de su tapón, muy alargado, estilo sixties. La verdad es que no se trata de un detalle retro, sino que está pensado para agitar el esmalte tal y como se debe hacer; frotándolo hacia los lados entre las manos, y no sacudiéndolo de arriba a abajo como si quisiéramos que saliese disparado...

Además, tienen un producto muy especial, el Dilusor, un disolvente que ayuda a sacar todo el partido al bote de esmalte: cuando se está quedando ya seco y dan ganas de tirarlo, echas unas gotitas, lo agitas bien, lo dejas reposar unas horas... ¡y como nuevo!!!

Tienen también una completísima gama de tratamientos específicos para uñas (las mías están bastante fuertes, gracias también al tratamiento de Inneov del que os hablé) y para que sigan así me han recomendado uno a base de keratina, muy nutritivo. Pero los tienen de todo tipo: un endurecedor que evita que aparezcan capas; una base con limón que quita las manchas, un nivelador con aloe vera que rellena las estrías... Y, por supuesto, una base especial para ayudar a quien se come las uñas, elaborada con plantas.

He aprovechado para pedir consejos a la hora de cuidar las uñas. El primero ¡sorpresa!: la constancia. Si hay un problema de manchas, estrías, fragilidad... lo que sea, hay que ser muy riguroso con el tratamiento que se vaya a seguir y aplicar la base específica durante unas tres semanas, para conseguir resultados. Y, luego, una vez que las uñas ya están en buena forma, mantenerlas con una dosis semanal o dos del tratamiento en cuestión. Se puede aplicar antes de pintar la uña o incluso encima del esmalte, ya que es capaz de penetrar a través de la pintura hasta llegar a la uña.