Y en mi propia piel, además. Como ya os comenté en mayo, en mi primer post sobre este tema, la mala influencia del tabaco en la piel es algo que ya pude comprobar hace unos años, cuando dejé de fumar durante casi un año y donde más lo noté fue, sin duda, en la cara. Así que ya por fin en julio me propuse seriamente dejarlo de nuevo (tendría que haberlo hecho en mayo, el día de mi cumpleaños, pero por unas cosas u otras nunca me ponía) y ya llevo cuatro meses ¡no me lo creo!
Tengo que reconocer que no han sido cuatro meses perfectos -he tenido dos o tres "recaídas" de un día - pero parece que ya voy por el buen camino. Conseguirlo no ha sido fácil, lo reconozco: me leí por enésima vez el libro de "Es fácil que las mujeres dejen de fumar" prestando muchísima atención a todos sus consejos, subrayando, volviendo hacia atrás para asentar ideas .... (sinceramente, retrasando todo lo que podía el momento de fumar el último cigarrillo); probé los cigarros eléctricos y las pastillas para dejar de fumar (a mi me han funcionado muy bien, pero en caso de optar por esta opción recomiendo que se haga siempre, sin excusas, bajo la supervisión del médico o del farmacéutico, por si acaso) y aquí estoy, encantada y sorprendida de haberlo conseguido.
Reconozco que me pasa como con los dulces, especialmente con el chocolate: lo echo de menos y siempre me ronda la idea de que "por uno, no pasa nada", pero se que si caigo en la tentación ya me puedo dar por perdida, así que prefiero evitarla completamente ¡qué pereza me da pensar que tendría que volver a empezar a dejar de fumar de nuevo!
Pero a lo que iba: los efectos de dejar el tabaco. En mi caso, ni los pulmones, ni el pulso, ni casi el sentido del gusto. Donde más he notado la ausencia de nicotina ha sido en la piel y en el pelo. Están menos apagados, la piel mucho más luminosa y el pelo me brilla más, como con más vida; los poros están más cerrados, las arrugas -sobretodo mi caballo de batalla, el código de barras de los labios- un pelín menos marcadas, y la noto menos irritada y sensible.
Otra cosa positiva ha sido que mi olfato está algo mejor, así que disfruto un poco más de uno de mis grandes placeres: probar perfumes nuevos.
Si todo esto es lo que noto por fuera, lógicamente por dentro la mejoría también se debe estar produciendo así que ¡estoy encantada!
Me vuelven loca los perfumes, me apasiona el maquillaje y no puedo resistirme a probar todas las cremas que caen en mis manos. Además, tengo la buena suerte de trabajar como periodista de belleza. He creado este blog para comentarte mis descubrimientos, compartir contigo los trucos que conozco y, sobre todo, contarte cómo es el día a día en el universo "beauty".
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lunes, 19 de noviembre de 2012
lunes, 28 de mayo de 2012
Tabaco, caca
Ayer fue mi cumpleaños y quiero hacerme un regalo muy particular: dejar de fumar. Es la enésima vez que lo intento, así que para tratar de conseguirlo de una vez por todas he decidido comentarlo aquí, a ver si al contárselo a todo el mundo lo logro por fin.
Además, así aprovecho para contar lo malo malísimo que es el tabaco para la piel. Y puedo hablar por propia experiencia, porque la vez que conseguí dejarlo durante más tiempo (algo más de un año), donde más lo noté fue precisamente en la piel. De verdad, más que respirar mejor, oler más o disfrutar de la comida, lo que más lo agradeció fue mi cutis. Estaba menos apagado, más luminoso, los tratamientos me hacían más efecto. Y, en general, me veían mucho mejor.
Realmente, el tabaco es uno de los mayores enemigos de la piel y de la estética en general, por muchos motivos. Uno de ellos es que limita la cantidad de oxígeno que llega a la sangre, con lo que el cutis está menos oxigenado, lógicamente. También actúa como vasocontrictor, es decir, reduce el flujo sanguíneo, con lo que la dermis recibe menos alimento.... Y, por si fuera poco, puede agravar uno de los grandes caballos de batallas de la inmensa mayoría de las mujeres: la celulitis.
Otro de sus inconvenientes: influye negativamente en la síntesis de colágeno, por lo que es más fácil que aparezcan arrugas, descolgamiento y haya un envejecimiento prematuro. De hecho, según la Asociacion Española de Dermatología y Venereología (AEV), las mujeres fumadoras tienen tres probabilidades más de tener arrugas que las mujeres que no fuman.
Y, hablando de arrugas, el mero hecho de dar una calada obliga a fruncir los labios de una forma muy particular y nada natural. Consecuencia: después de cientos, miles... (mejor no pensar que tal vez millones...) de caladas, es más que probable que el "código de barras" que afea el labio superior sea más marcado. Y no hay que olvidarse de que muchas veces el humo obliga a guiñar los ojos para evitar que entre en ellos: es decir, más patas de gallo....
Además, mancha los dientes, hace que amarilleen y estén muy feos. Sin olvidar, claro, el mal olor que genera no sólo en la boca, sino también en el pelo, la ropa y el cuerpo en general. Vamos, que es un desperdicio utilizar un perfume si luego vas a fumar.
Así que en cuanto me acabe el último cigarrillo del paquete que tengo a medias, se acabó lo de fumar. Y, cuando me entre un ataque de ansiedad, echaré un vistazo a este post... A ver si lo consigo.
Además, así aprovecho para contar lo malo malísimo que es el tabaco para la piel. Y puedo hablar por propia experiencia, porque la vez que conseguí dejarlo durante más tiempo (algo más de un año), donde más lo noté fue precisamente en la piel. De verdad, más que respirar mejor, oler más o disfrutar de la comida, lo que más lo agradeció fue mi cutis. Estaba menos apagado, más luminoso, los tratamientos me hacían más efecto. Y, en general, me veían mucho mejor.
Realmente, el tabaco es uno de los mayores enemigos de la piel y de la estética en general, por muchos motivos. Uno de ellos es que limita la cantidad de oxígeno que llega a la sangre, con lo que el cutis está menos oxigenado, lógicamente. También actúa como vasocontrictor, es decir, reduce el flujo sanguíneo, con lo que la dermis recibe menos alimento.... Y, por si fuera poco, puede agravar uno de los grandes caballos de batallas de la inmensa mayoría de las mujeres: la celulitis.Otro de sus inconvenientes: influye negativamente en la síntesis de colágeno, por lo que es más fácil que aparezcan arrugas, descolgamiento y haya un envejecimiento prematuro. De hecho, según la Asociacion Española de Dermatología y Venereología (AEV), las mujeres fumadoras tienen tres probabilidades más de tener arrugas que las mujeres que no fuman.
Y, hablando de arrugas, el mero hecho de dar una calada obliga a fruncir los labios de una forma muy particular y nada natural. Consecuencia: después de cientos, miles... (mejor no pensar que tal vez millones...) de caladas, es más que probable que el "código de barras" que afea el labio superior sea más marcado. Y no hay que olvidarse de que muchas veces el humo obliga a guiñar los ojos para evitar que entre en ellos: es decir, más patas de gallo....
Además, mancha los dientes, hace que amarilleen y estén muy feos. Sin olvidar, claro, el mal olor que genera no sólo en la boca, sino también en el pelo, la ropa y el cuerpo en general. Vamos, que es un desperdicio utilizar un perfume si luego vas a fumar.
Así que en cuanto me acabe el último cigarrillo del paquete que tengo a medias, se acabó lo de fumar. Y, cuando me entre un ataque de ansiedad, echaré un vistazo a este post... A ver si lo consigo.
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